Pensamientos y reflexiones derivadas de la experiencia de ir al cine y a la vida.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Las cosas no son como se escriben, son como son, como suenan. BIUTIFUL

Los que algo me conocen y me acompañan al cine, saben que me quedo hasta el final, hasta que la pantalla se desviste de colores mezclados que producen ilusión y se queda en blanco neutro. No sólo yo estaba KO esta vez: “La vítica nene, la gente sale sin decir ni mu”, pensé. No recuerdo un desfile ante los créditos finales tan tormentosamente silencioso. La salida del cine da a esa sociedad que nos presenta y que no se sostiene. Enferma de cáncer, que avanza sin rumbo cierto, que trabaja, que sigue produciendo humo por las chimeneas. Una sociedad que tiene de tanto… que no necesitamos.

Bardem, hablo como actor, es un lujo. Es de los mejores, de hecho ahí lo tenemos: otra vez nominado. No sólo entrega su físico al servicio del personaje, también reconoce haber entregado su psique. Representa con su personaje a la sociedad actual, tan material por un lado y tan espiritual por otro, pero enferma de desnecesidad, enfermada de hartura, de no hacer las cosas bien.

Su personaje tiene un don, y ya se sabe aquello de que no poseemos nada que no se nos haya dado desde arriba. Así es que, para sobrevivir, tiene que apañárselas con chanchullos varios, ya que por su don no pide nada, apenas sí la voluntad cuando la necesidad pura aprieta.

Tranquiliza a los muertos para que se vayan en paz, pero sin poder usar ese don para sí mismo. Es lo que tienen los dones, que no se nos dan para utilizarlos en nosotros sino para el servicio a los demás.

No nos damos cuenta de que somos mortales porque no dejamos de sentirnos vivos, pero cuando la Parca nos avisa de que estamos dentro de sus acciones inminentemente siguientes, no solemos llevarlo bien. Además el tema es tabú en esta sociedad. Es lo que le pasa al personaje e, insisto, a la sociedad, a este modelo de sociedad, que también muere, sin dejar los papeles y las cosas en regla.

Cuando uno enferma busca el remedio, la pastilla que lo arregle todo, pero pocas veces buscamos el origen de la enfermedad. Hay ocasiones en que nos ha tocado la china con la genética y poco podemos hacer, es como cuando toca la lotería pero en negativo. Pero en otros casos las causas de la enfermedad nos la hemos buscado nosotros solitos, más o menos inconscientemente: con la falta de valores, la desvirtuación de los cuerpos con tanta operación estética que en el film pone pechos en las posaderas, aberraciones en el trato personal, fraternal, con políticos alejados del pueblo que los catapulta y sostiene, el mundo entregado al placer que no alimenta.

La vida, como el cine, es necesaria para seguir viviendo, porque el cine, como la vida, es necesario para seguir aprendiendo, entendiendo, para identificarnos con los personajes y con nosotros mismos. Sugiriendo, provocando, invitando a que hagamos algo.

La muerte está certificada para todos, lo que no sabemos es cuando se hace efectiva. Algunos médicos son capaces de predecir mes arriba, mes abajo, pero hay algunos cineastas que a este modelo de sociedad que nos hemos montado ya vienen a ponerle fecha de caducidad, año arriba, año abajo. Iñárritu es uno de ellos.

Las cosas no son como se escriben, como nos gustaría que fuesen, son como son, son como suenan, son como la vida: BIUTIFUL.

Al menos, en español, lo tenemos claro.

domingo, 23 de enero de 2011

Los Viajes de Gulliver

A la entrada de las salas suele haber unos monitores donde los controladores supervisan las proyecciones. Ahí esperaba mientras terminaban de desalojar y limpiar la sala donde iba a disfrutar yo de mis niños viendo Los Viajes de Gulliver. Se mostraba en unos de los monitores el inicio de otra película: a 3 metros sobre el cielo. Mi interés en la misma correspondía a que días atrás se había organizado una actividad lúdica y educativa consistente en llevar a los alumnos de 1º y 2º de la ESO a verla. Sí, chavales de 12 y 13 años. La elección de dicho título correspondía más a intereses comerciales que educativos. Huelga decir que la proposición de ver ésa y no otra partió de la dirección del cine y no de la organización de la actividad. Tranquilos, la educación no está tan mal. Alguno advirtió de su contenido (justo los valores contrarios a los que se inculcan en la escuela) y se consiguió, tras mucha brega, cambiar el título de la película por Entre Lobos en la que sí se puede poner en valor el sentido de la responsabilidad de un niño de siete años y a la vez valorar las ventajas que nuestra sociedad actual ofrece a la infancia en contraste con la de hace sólo 40 ó 50 años, y así, nuestros niños no crean que todo es jauja.

Bueno, que ahí estaba yo viendo en un monitor chico cómo el chico malo iba sin casco con su moto de cilindrada media e increpaba a una chica que asomaba la cabeza por la ventana del mercedes de papi parado en el semáforo cuando me abordaron tres ninfas vendidas del pasado: Marta, Mila y Ana Isabel.

Suelo tardar un poco en renovar el recuerdo que albergo de mis antiguos alumnos con la imagen que se me presenta en el encuentro. A medida que hablan, sus voces hilan lo uno con lo otro y termino dando con el nombre, el apellido, sus aficiones y su la letra. También con su la forma que tenían de estar en clase, germen de la actitud ante la vida. Iban ellas a ver The Tourist sin más razón que era la sesión para la cual había sitio en el tramo horario que les venía bien. Supongo que también, esto lo supuse yo, por el galán que ya, con ojos de incipientes mujeres, veían en el actor que no fue más que un gracioso y carismático pirata.

Los alumnos, mis antiguas alumnas, mis niños y yo expuestos al devenir comercial de las distribuidoras cinematográficas. Porque… ¿realmente vemos lo que queremos o lo que nos disponen que queramos ver?

Que cada uno se conteste en larga o breve reflexión. Yo entré a ver la peli. Recuerdo que conocía la historia de Gulliver gracias a la editorial Bruguera que editó los títulos de la literatura infantil, de los que varios rondaban de estantería en estantería por la casa que habité cuando era niño.

Por aquel entonces consideré la historia de este tipo totalmente imaginaría, fantástica. Un personaje que sufre las inclemencias meteorológicas que terminan llevando a mundos tan dispares.

Ahora, con la película, y gracias a que el personaje lo repite varias veces, también como conclusión final, me doy cuenta de que no todo es tan fantástico, que alrededor de nosotros siempre habrá gente grande que se considere pequeña y gente menuda que se considera grandes personas por tener grandes pre/ocupaciones. Ya sea en el mero plano físico o aquel más profundo que se hospeda en el interior, donde no se ve, donde no se toca.

Ahí, ser grande, es cuestión de proponérselo e ir a por ello.
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