Pensamientos y reflexiones derivadas de la experiencia de ir al cine y a la vida.

domingo, 23 de enero de 2011

Los Viajes de Gulliver

A la entrada de las salas suele haber unos monitores donde los controladores supervisan las proyecciones. Ahí esperaba mientras terminaban de desalojar y limpiar la sala donde iba a disfrutar yo de mis niños viendo Los Viajes de Gulliver. Se mostraba en unos de los monitores el inicio de otra película: a 3 metros sobre el cielo. Mi interés en la misma correspondía a que días atrás se había organizado una actividad lúdica y educativa consistente en llevar a los alumnos de 1º y 2º de la ESO a verla. Sí, chavales de 12 y 13 años. La elección de dicho título correspondía más a intereses comerciales que educativos. Huelga decir que la proposición de ver ésa y no otra partió de la dirección del cine y no de la organización de la actividad. Tranquilos, la educación no está tan mal. Alguno advirtió de su contenido (justo los valores contrarios a los que se inculcan en la escuela) y se consiguió, tras mucha brega, cambiar el título de la película por Entre Lobos en la que sí se puede poner en valor el sentido de la responsabilidad de un niño de siete años y a la vez valorar las ventajas que nuestra sociedad actual ofrece a la infancia en contraste con la de hace sólo 40 ó 50 años, y así, nuestros niños no crean que todo es jauja.

Bueno, que ahí estaba yo viendo en un monitor chico cómo el chico malo iba sin casco con su moto de cilindrada media e increpaba a una chica que asomaba la cabeza por la ventana del mercedes de papi parado en el semáforo cuando me abordaron tres ninfas vendidas del pasado: Marta, Mila y Ana Isabel.

Suelo tardar un poco en renovar el recuerdo que albergo de mis antiguos alumnos con la imagen que se me presenta en el encuentro. A medida que hablan, sus voces hilan lo uno con lo otro y termino dando con el nombre, el apellido, sus aficiones y su la letra. También con su la forma que tenían de estar en clase, germen de la actitud ante la vida. Iban ellas a ver The Tourist sin más razón que era la sesión para la cual había sitio en el tramo horario que les venía bien. Supongo que también, esto lo supuse yo, por el galán que ya, con ojos de incipientes mujeres, veían en el actor que no fue más que un gracioso y carismático pirata.

Los alumnos, mis antiguas alumnas, mis niños y yo expuestos al devenir comercial de las distribuidoras cinematográficas. Porque… ¿realmente vemos lo que queremos o lo que nos disponen que queramos ver?

Que cada uno se conteste en larga o breve reflexión. Yo entré a ver la peli. Recuerdo que conocía la historia de Gulliver gracias a la editorial Bruguera que editó los títulos de la literatura infantil, de los que varios rondaban de estantería en estantería por la casa que habité cuando era niño.

Por aquel entonces consideré la historia de este tipo totalmente imaginaría, fantástica. Un personaje que sufre las inclemencias meteorológicas que terminan llevando a mundos tan dispares.

Ahora, con la película, y gracias a que el personaje lo repite varias veces, también como conclusión final, me doy cuenta de que no todo es tan fantástico, que alrededor de nosotros siempre habrá gente grande que se considere pequeña y gente menuda que se considera grandes personas por tener grandes pre/ocupaciones. Ya sea en el mero plano físico o aquel más profundo que se hospeda en el interior, donde no se ve, donde no se toca.

Ahí, ser grande, es cuestión de proponérselo e ir a por ello.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Inception

Lo tengo dicho y ya varias veces escrito. La película es película hasta el final, hasta la última letra de la última línea de los últimos títulos de créditos. Así es y así deber ser, tanto para director como para espectadores.
Yo suelo quedarme al desfile final de letras blancas sobre fondo negro y expongo algunos de los motivos.
Tras casi dos horas de imágenes que nos cuentan algo se hace necesario un tiempo de reflexión, de digestión audiovisual. Un tiempo que nos permita formarnos una opinión argumentada de lo que acabamos de percibir, para luego conversar con los que hemos ido al cine. Un tiempo de “vamos a pensar”.
Motivo dos: como muestra de respeto. En una película curra una variedad enorme de profesionales, y todos han hecho algo que ha terminado saliendo en pantalla, algo que hemos consumido, nos haya gustado más o menos. Qué menos que ofrecer nuestra presencia cuando su nombre sale en pantalla.
El tercer motivo es el que con mayor evidencia viene al caso. Me encantan los directores que guardan un guiño para ese momento final. Un guiño, como el de esta película, que desvela la posible duda planteada en la trama. Ya me pasó con la última de piratas del caribe: quedarme sólo en la sala y disfrutar del apunte con el que se iniciará la siguiente saga. No les voy a contar de qué va ese guiño final. Quien la haya visto que vuelva a verla (no le vendrá mal para aclarar aquellos detalles difusos) y se quede hasta el final. Quien no la haya visto que no se demore y perfile su opinión teniendo en cuenta este ardid.
El resto de la película no les dejará indiferentes. Su visionado asegura un peculiar sueño posterior porque la trama entra de lleno en el mundo de los sueños y por tanto, del subconsciente: la verdadera realidad percibida que ya apuntaban los surrealistas, los cuales, hacían aflorar su escritura desde el mundo de los sueños, del mundo libre de la razón. Aquí los protagonistas utilizan los sueños para vivir y trabajar en ellos. Con sus embrollos incomprensibles, sus efectos anormales y sus coincidencias inesperadas.

Entre nosotros los habrá que apuran horas de sueño para vivir, leer o beber. Yo, qué quieren que les diga. ¿Qué es más real? ¿Aquello que percibimos bajo el filtro del subconsciente o lo que queda libre de éste? En cualquier caso, estoy deseando irme a la cama a dormir, a soñar, pues toda la vida es sueño y los sueños… sueños son. Así que, tal y como está la vida, mejor será vivir y disfrutar los sueños. No se quiten más horas de sueño en desvivir. Vayan al cine o a dormir.
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